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CARO DIARIO

Frivolidad XXIV: el horóscopo

Recuerdo perfectamente la emoción mezclada con intriga que sentía de pequeña cada vez que abría la sección del horóscopo. Cada mañana de verano, me citaba con mis amigas para comprar el pan y la prensa, y sentarnos en un banco a saborear las predicciones del oráculo junto con un croissant. ¿Todos los nacidos en diciembre conoceríamos a alguien especial ese día? ¿Todos tendríamos un gasto inesperado ese mes? 

Creo en los horóscopos, no en los que se publican junto al crucigrama y han llenado horas de peluquería, ni en los videntes de saldo que aparecen en el televisor a horas intempestivas. 

Las personas de un mismo signo comparten características y rasgos de comportamiento. Y cuando no es así, estoy segura de que es por el ascendente, o porque la luna estaba en Piscis.  

Yo me regodeo sabiendo que Sagitario es el mejor, y creo que no es casualidad que la mayoría de personas importantes en mi vida sean Tauro o Leo, o que siempre encuentre un vínculo especial con los de mi signo. Los centauros nos entendemos, porque vivimos a medio camino entre lo terrenal y lo divino, entre la lógica cerrada y las aventuras más disparatadas. Y nos encanta. 

Mi tía tuvo un novio sudafricano que llegó a ser millonario, pero se arruinó y pasó una época de su vida alimentándose exclusivamente de langostinos, cerveza y una cucharada de pasta de curry al día. De vez en cuando lloraba por su ruina, pero luego se tomaba una cerveza y era feliz. No me extrañó saber que era Sagitario.  

Me interesa conocer el signo del zodiaco de las personas que me rodean. Me ayuda a comprender mejor sus actitudes o reacciones. ¿Necesita protagonismo? Claro, es Cáncer. ¿Mucha ambición? Sin duda Capricornio. 

Mi nivel de espiritualidad ha dibujado una parábola a lo largo de mi vida. Muy elevado en la infancia, con afición a la meditación y las vidas de santos, nulo en la juventud y en aumento en la madurez. 

Cada vez soy más esotérica. Tengo una astróloga de cabecera con la que me informo puntualmente de la influencia de los eclipses, la posición de Venus en las decisiones estéticas o si Mercurio está retrógrado. En diciembre me compré su calendario mensual donde señalaba los mejores días para cerrar operaciones, emprender nuevos proyectos o hacer introspección emocional. 

Las limpiezas energéticas han sido otro de mis últimos intereses. Tras acabar con mis “bajos astrales”, decidí que tocaba pasar la escoba de las energías por mi casa. Sin informar a mi marido, hice la limpieza y según me dijo la especialista, había espíritus hasta en el cuarto de la plancha. Los mandó a la luz sin dilación. 

El mundo está cambiando y yo lo noto. En lo profesional triunfa lo auténtico, la pasión se abre camino sobre el cadáver de esa mente que antes ocupaba negocios sin corazón. Y no, no creo que la presa de las tres gargantas haya hecho que la Tierra se mueva unos grados. Creo que, como apuntan algunos iluminados, la energía está empezando a ser otra. La era de Acuario. 

La primera vez que me hablaron de esto pensé en naves espaciales, en Raphael versionando a Jesucristo Superstar y en Carlos Jesús. Suena a playlist de los 70, y no sé si habrá naves espaciales, pero yo ya tengo la túnica, el incienso y mi carta astral bajo el brazo.