Skip to content
X

CARO DIARIO

Frivolidad LV: La vida social

Claro que hay que tener vida social. Tampoco vamos a convertirnos en esas personas que dicen “odio a la gente” Cuando en realidad lo que ocurre es que nadie las invita a nada. Hay que salir, cenar, ver amigos, enamorarse un poco de la conversación ajena. Pero conforme pasan los años, cada vez me gusta más estar en casa.

Lo cierto es que no lo digo con tristeza, sino con alivio.
Antes pensaba que una vida interesante consistía en estar en todas partes. Ahora sospecho que consiste precisamente en lo contrario: en poder elegir muy bien dónde sí y dónde no. He desarrollado una alergia selectiva hacia los eventos, las inauguraciones, las aperturas, las fiestas llenas de gente demasiado perfumada y conversaciones que no llegan a ninguna parte. Ahora no sé lo que es el FOMO, no me da miedo pederme nada. La multitud me agota. Tener que hablar a gritos me parece una humillación contemporánea. No entiendo por qué hemos aceptado socialmente que para pasarlo bien haya que quedarse afónico.

También está la conversación social. Ese intercambio de frases perfectamente inútiles con personas a las que no ves desde hace diez años:
-¿Qué tal te va todo?
Y una siempre responde:
-¡Todo genial!
Porque evidentemente no vas a mirar a alquien que lleva una década fuera de tu vida y decirle:
“Pues mira, estoy perdida, voy a terapia, tengo traumas enquistados desde la infancia, problemas severos para poner límites y una ansiedad bastante persistente que mantengo a raya poniéndome hasta las cejas de Ashwagandha”


No. Se sonríe. Se brinda. Se comenta algo sobre viajes o sobre lo rápido que pasa el tiempo o sobre lo caro que está el alquiler. La vida social está construida sobre una cantidad razonable de ficción.

A mí lo que realmente me gusta son las cenas pequeñas en casa. Cuatro personas como máximo. Una mesa bonita. Velas. Música baja. Poder escuchar la respiración de la conversación. Me gusta recibir. Saber qué vino le gusta a cada uno, qué aperitivo funciona mejor con quién, qué temas es mejor no tratar para evitar tensiones diplomáticas. La intimidad me parece infinitamente más sofisticada que el espectáculo.


Además, conforme una crece, descubre algo importante: no hay nada más lujoso que poder irte cuando quieras. Yo me voy siempre “a la francesa”. Haciendo bomba de humo. Sin despedirme de nadie. Me parece mucho más chic desaparecer que organizar una gira de besos y explicaciones. Luego, ya en casa y desmaquillada, mando un mensaje encantador:
“Gracias por todo, qué bien lo pasé” Y asunto resuelto.

Cada vez admiro más a la gente que sabe vivir sin ruido. Que no necesita demostrar constantemente que tiene planes. Que puede pasar un sábado en casa leyendo, cocinando algo rico o viendo una película sin sentir que se está perdiendo “la vida”.


Porque la verdadera vida social, la buena, la que merece la pena, no consiste en estar rodeado de gente. Consiste en estar rodeado de las personas con las que no necesitas actuar.

Y eso. la verdad, ocurre muy pocas veces.